Controversias

Públicas

sobre

el Tabaquismo

 

Por:

Gustavo Gisbert

Con la participación de Raúl García y Eduardo Castro

Doctorandos de Psicología Social y de la Salud

Universidad Autónoma de Barcelona

gus_gisbert@hotmail.com 

as fronteras entre ciencia, tecnología y sociedad                                

 

I

 

Sin importar mucho las coordenadas en las que nos encontremos, no resulta muy difícil toparnos cada día con referencias públicas acerca del tabaco y sus usos. Nos tropezamos frecuentemente con regulaciones de espacios en donde se puede o no fumar, advertencias sanitarias de los riesgos que representa fumar cigarrillos para la salud, diseños con mensajes e imágenes rotatorias en las cajetillas de cigarrillos. También encontramos publicidad, promociones para su consumo masivo, eventos deportivos o de entretenimiento patrocinados por industrias tabacaleras. Asimismo surgen constantemente leyes, regulaciones, declaraciones, decisiones políticas que favorecen o restringen sus usos. Y van apareciendo actores: sanitaristas que se quejan, comerciantes que se quejan, fumadores que se quejan, no fumadores que se quejan. ¿Qué es lo que pasa en torno al tabaco, que genera tanto revuelto en el mundo?

 

¿En qué consiste esta controversia pública sobre el tabaquismo?

 

En el presente artículo, intentaré resumir muy brevemente cómo ha ido surgiendo esta controversia, cuáles son los actores que participan en ella y sus aspectos más relevantes, así como algunos movimientos sociales que se han generado a raíz de la misma. Pero lo enfocaré desde una perspectiva particular: la de mirar cómo y de qué maneras las fronteras que existen entre ciencia, tecnología y sociedad se vuelven borrosas y difusas, en lo que podríamos llamar con Whitehead un “entretejido sin costuras” o seamless web.

 

II

 

En los últimos años es posible leer considerable cantidad de autores que hablan de las fronteras borrosas que existen entre las ciencias, las innovaciones de la tecnología, las sociedades y el mundo de la naturaleza. No obstante, es un tema de por sí complejo y que pareciera no haber recibido atención suficiente -al menos no dentro de la psicología social-. Los estudios científicos sobre las relaciones ciencia-sociedad, ciencia-tecnología, ciencia-naturaleza, naturaleza-tecnología, naturaleza-sociedad, tecnología-sociedad son muy nombrados desde muchas disciplinas (sobre todo en sociología), pero ciertamente las relaciones entre estas son polémicas y plurales. Se nutren continuamente de diversas visiones del conocimiento, y podríamos decir que la visión del conocimiento científico académico es tan sólo una de ellas.

 

Desde hace ya algún tiempo, tendemos a asumir al conocimiento científico como el único legítimo o verdadero conocimiento, mientras despreciamos otros conocimientos como falsos o “ingenuos”. Esta asunción ha producido muchos daños no sólo al interior del conocimiento científico, sino también en la manera de entender al mundo. ¿Por qué razón? Porque al asumir al conocimiento científico como el único legítimo y verdadero, excluimos otras formas de conocimiento, las cuales quedan descalificadas y se produce un profundo desdén por averiguar sus códigos y significados; las “verdades” que descubre la ciencia entonces se pretenden imponer sobre las otras, sin negociar con otros actores. “La ciencia no es democrática” escuché decirle una vez a un profesor: saquen ustedes sus conclusiones.

 

III

 

Los estudios de controversias que se han generado en sociología del conocimiento científico (SCC) son, a mí entender, de las contribuciones más importantes para la comprensión de estas fronteras mencionadas[1]. Desde la SCC no se establecen marcadas diferencias en el proceso de elaboración del conocimiento científico y cualquier otra actividad social, con lo cual se borran un poco los límites entre ciencia y sociedad. Desde esta perspectiva, la práctica de la construcción del conocimiento científico no es muy diferente de cualquier otra práctica social. Basta pensar en la dinámica de la generación de saberes en nuestras disciplinas, las entidades que financian las investigaciones, lo que motiva las investigaciones, los congresos, el know/how, el “lobby”, la legitimación de esos saberes, su uso, sus consecuencias, toda una cantidad de ingredientes que nos hacen sospechar demasiado que la ciencia no es tan “neutral” ni inmune a las cosas que le pasan a la gente normalmente como se pensaba en otros tiempos.

 

Los estudios de controversias científicas se enfocan en la idea de analizar la ciencia mientras se realiza (es la ciencia analizando a la ciencia haciendo ciencia), y no posteriormente cuando ya está hecha, sancionada y aceptada; y además lo hace en el marco de conocimientos científicos que no están muy afianzados. De allí que se hace más evidente el juego de la acción social en la construcción de este conocimiento, en un contexto institucional de cierto peso. Pero también podríamos, siguiendo esta misma perspectiva, partir no del estudio del conocimiento científico, sino fijar como punto de partida las controversias públicas cotidianas, para buscar comprender algunas de las relaciones que se establecen entre ciencia, tecnología, sociedad y naturaleza. Analizarnos a nosotros mismos haciendo ciencia es una cosa, pero analizar las controversias públicas para desde allí cuestionar el conocimiento científico y enriquecerlo, parece ser otra cosa diferente y, a mi entender, más nutritiva.

 

En primer lugar, es necesario aclarar que una controversia pública no es exclusiva de la comunidad científica, sino que aparece e inunda al mundo social, donde –como ya dijimos- la participación del conocimiento científico es sólo uno de los elementos que allí se involucran. La experiencia de analizar un fenómeno controvertido como el tabaquismo nos ofrece la oportunidad de desenmarcarnos de los discursos científicos y preocuparnos por lo que pasa en el mundo social, las informaciones, los actores involucrados, los juegos y relaciones que se dan entre ellos. Nos permite ver cómo aparece allí en ese contexto el discurso científico, qué papel juega, qué consecuencias genera, qué propósitos tiene, quiénes se benefician un poco de él y en qué medida.

 

IV

 

Aproximaciones a la controversia sobre el tabaquismo

 

Históricamente, el consumo de tabaco se conoce desde hace al menos unos dos mil años. No obstante, anteriormente dicho consumo era con toda probabilidad muy limitado y artesanal, elaborado por los indios americanos tomado de las plantas que crecían naturalmente, sin cultivos especiales ni sistemas de riego sofisticados. No es sino desde el pasado siglo, después de la primera guerra mundial, que dicho consumo se expandió ampliamente como producto industrializado y masivo[2]. Aunque el consumo de tabaco ya había ofrecido algunas polémicas durante el período posterior a la colonización en América (en el siglo XVI en Francia surgieron acusaciones sobre el tabaco como un peligroso veneno), sólo es a mediados del siglo XX que la comunidad científica empieza a tener gran cantidad de información sobre los efectos perjudiciales del tabaco sobre la salud, de acuerdo al discurso de expertos sanitaristas. Existe un relativo consenso en que es con los estudios de Doll y Hill, sobre la relación entre tabaquismo y cáncer de pulmón, que la evidencia científica se consolida en contra del tabaco como producto nocivo para la salud. Es decir, se logró establecer epidemiológicamente una relación de alta probabilidad de riesgo para los fumadores de padecer cáncer de pulmón.

 

Posterior a estos estudios se han empezado a tomar acciones para la regulación y disminución del consumo de tabaco. Estas acciones han sido impulsadas por grupos de sanitaristas, pero también se incluyen políticos, organizaciones no gubernamentales,  ministerios de salud, la OMS y múltiples sistemas de gubernamentabilidad. Entre las mencionadas acciones podemos nombrar las más frecuentes en todo el mundo: cambios en el etiquetado, impuestos sobre las ventas, restricciones publicitarias, freno al contrabando, espacios libres de humo, entre otras acciones políticas y legales han surgiendo continuamente desde entonces. Muy recientemente también la industria farmacéutica impulsa y patrocina actividades contra el tabaquismo, ofreciendo productos o medicamentos que sustituyen los efectos del cigarrillo en el fumador, para ayudarlo a dejar de fumar.

 

Pero ¿de qué proporciones estamos hablando? Si lo vemos desde el punto de vista del mercado, de acuerdo a datos aportados por la OMS, aproximadamente un quinto de la población mundial fuma, lo que equivale a 1.200 millones de personas (como si dijéramos aproximadamente la población de China). Esta población es atendida por las industrias tabacaleras, quienes producen miles de millones de dólares al año en ganancias, e invierten mucho dinero en promoción y publicidad para buscar nuevos consumidores. De acuerdo a la OMS, las cinco principales compañías tabacaleras en el mundo son: la Phillip Morris (que factura aproximadamente 47,1 billones de dólares al año), la British American Tobacco (que factura 31,1 billones), la Japan Internacional Tobacco (21,6 billones), Reemsta (6,1 billones) y Altadis (2,3 billones de dólares). Como organizaciones comerciales, necesitan establecer estrategias publicitarias de alto impacto. Es por ello que desde hace años realizan gran cantidad de actividades de promoción. No obstante, para no ensuciar su imagen pública y no ser los “malos” de la película que producen enfermedades, han comprendido el poder de hacer hablar a los fumadores para mantener sus productos y así garantizar la industria como un negocio sostenible. Es decir, han contribuido enormemente a la idea de que el fumar cigarrillos en un asunto individual, según el juicio, el criterio y la libertad de cada quién.

 

Pero ¿es algo individual, es una decisión libre el fumar cigarrillos? La OMS les reclama a estas industrias el haber empleado gran cantidad de recursos para la investigación, el pago de “lobby” a políticos y la organización de grupos de defensa de fumadores. Existen ciertos documentos, según ha divulgado la OMS, que prueban haber invertido millones de dólares en grupos como FORCES (Fight Ordinances and Restrictions to Control and Eliminate Smoking), FOREST (Freedom Organizations for the Right to Enjoy Smoking Tobacco) y otros, como el ya famoso Nacional Smokers Alliance de EEUU. En otras palabras, la OMS acusa a las tabacaleras de jugar sucio, sobornando y financiando bajo cubierta de estos grupos. Como prueba de ello, exponen el siguiente fragmento extraído de un documento de la Phillips Morris:

“First we must work harder at getting smokers to help the industry. If we are to have any success at changing the climate of opinion, we have to get the smokers more on our side, or at least enough of them to start to make a difference. (Phillip Morris, 1985) 

 

Primero debemos trabajar más fuerte para conseguir que los fumadores ayuden a la industria. Si podemos tener algún éxito en cambiar el clima de opinión,  tenemos que hacer que los fumadores estén más de nuestro lado, o por lo menos los suficientes para empezar a producir una diferencia”[3] (Phillips Morris, 1985).

 

Previsiblemente, tanto los políticos como estos grupos de defensa de derechos de los fumadores declaran su independencia de las industrias tabacaleras. Se asumen como movimientos de resistencia ante lo que denominan como atropello de sus derechos a consumir un producto que es legal y al valor que tiene la libertad, la tolerancia y la justa convivencia entre fumadores y no fumadores.

 

De acuerdo a datos manejados por la OMS, existen aproximadamente un poco menos de dos docenas de organizaciones registradas para la defensa de fumadores. Curiosamente,  todas están en países desarrollados. Además de los nombrados FORCES y FOREST, existen otros grupos. En España, el principal grupo se denomina “Club de fumadores por la Tolerancia”, y en Francia, la asociación de “Calumet de la paix” (pipa de la paz). Otro dato también parece muy sospechoso: como organizaciones o grupos para la defensa de los derechos de los fumadores, no existe ninguna protesta, demanda o reclamación por saber cuáles son los aditivos químicos que se le incluyen al tabaco en los cigarrillos, ni tampoco se reclama por los componentes adictivos que puedan poseer. Las reclamaciones van dirigidas casi exclusivamente a la libertad de poder fumar en cualquier sitio público.

 

***

La información proveniente de los laboratorios de la industria tabacalera parece también confirmar algunos daños a la salud y también la naturaleza altamente adictiva de la nicotina, principal razón del patrón de consumo de cigarrillos. Ante esta situación, los sanitaristas le reclaman a las multinacionales tabacaleras el implementar una estrategia de "negación y confusión", que según ellos siguen utilizando hasta el día de hoy. Mencionan los sanitaristas que las industrias tabacaleras utilizan la información que disponen para hacer cada vez más adictivos sus productos, e incrementar sus ganancias, mediante la manipulación de las propiedades farmacológicas de la nicotina, con el agregado de aditivos (como el amoníaco) al tabaco. Los presidentes de las industrias tabacaleras comentan que ellos contribuyen más que otras empresas en pago de impuestos y programas de salud, y que sus productos son científicamente estudiados en sus laboratorios para ser lo menos nocivos posible.

 

Todo lo anteriormente mencionado coloca en evidencia uno de los aspectos más interesantes de la controversia, que es el de que científicos, políticos y empresarios no se ponen de acuerdo en sus apreciaciones sobre el tema del tabaquismo, y tienen visiones encontradas.

 

Identificando los actores

 

Recapitulando el breve recuento del apartado anterior, como principales actores que intervienen en esta controversia, aparecen la OMS, los gobiernos, los ministerios de sanidad, la industria farmacéutica así como también surgen a menudo grupos de defensa de los no fumadores como ONG´s de poca envergadura. Por otro lado, aparecen las industrias tabacaleras y los grupos de defensa de fumadores (FORCES, FOREST, etc.), y así como también ministerios de economía y comercio, quienes argumentan conjuntamente con las empresas tabacaleras y los agricultores de tabaco, que las regulaciones contra el tabaquismo afectan de manera directa e indirecta a miles de trabajadores que participan en el cultivo, manufactura, distribución y venta del producto, y significan un descalabro en la economía.

 

La controversia sobre el tabaquismo posee, como puede entreverse, numerosas ramificaciones. Para los fines de este artículo, hablaremos sólo de dos grupos que se oponen: los grupos y organizaciones que defienden el derecho a no fumar -dentro de los cuales incluimos varios actores que fabrican por así decirlo, un discurso científico sanitario- y los grupos y organizaciones que defienden el derecho a fumar –donde también, como se habrá visto, se incluyen varios actores con intereses muy diversos, que fabrican un discurso de la tolerancia y el entendimiento mutuo-.

  

Discurso científico-sanitario: grupos y organizaciones que defienden el derecho a no fumar

 

Los sanitaristas de todo el mundo se encuentran cada vez más alertas ante el incremento en el consumo del tabaco, al cual califican como una verdadera epidemia. Ellos argumentan que se debe informar a la ciudadanía para que se conozca que el tabaco constituye una droga que produce muchos daños y que genera un gran costo para los servicios sanitarios, pues está asociado a múltiples enfermedades, tales como diversos tipos de cáncer (especialmente el cáncer de pulmón y vías respiratorias), enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares, entre muchas otras.

 

 

Buscando aproximarnos más a este discurso científico-sanitario, podemos poner como ejemplo el siguiente texto, extraído de la exposición de motivos de la “Ley de ambiente libre de humo de tabaco del  estado Monagas”, ley aprobada por consenso en el año 2004 en esta región de Venezuela. Esta exposición de motivos fue realizada por todo un equipo médico y de otros profesionales de la salud, quienes promueven con ahínco el derecho a ambientes libres de humo de tabaco, y fue incluida como justificación principal para la aplicación de la ley.

 

Casi mil millones de hombres fuman en el mundo -cerca del 35% de los hombres en países desarrollados y 50% en países en desarrollo-.En el mundo, 250 millones de mujeres son consumidoras diarias de tabaco, aproximadamente el 22% de las mujeres en los países desarrollados y el 9% en países en vías de desarrollo.

 

El cigarrillo es el único producto en el mercado mundial que, consumido como prescribe el fabricante, produce muerte en la mitad de sus consumidores y adicción rápida y potente entre los que se inician en su consumo. El 80% de los fumadores comienzan a fumar en la adolescencia. Entre los jóvenes que fuman la cuarta parte ha fumado su primer cigarrillo antes de los 10 años de edad. La mayoría de los jóvenes fumadores se hacen adictos a la nicotina durante la adolescencia.

 

Se ha comprobado que los fumadores tienen incrementado en forma marcada el riesgo de múltiples cánceres, particularmente el de pulmón, también un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebro-vasculares, enfermedades respiratorias, el enfisema y otras enfermedades fatales y no fatales. El tabaquismo tiene relación causal con la disfunción eréctil en el hombre. Las mujeres sufren riesgos de salud adicionales, ven afectado su ciclo menstrual, su fertilidad. Fumar durante el embarazo produce riesgos tanto a la madre como al feto, por la alta frecuencia de abortos, partos prematuros y niños de bajo peso al nacer, especialmente en países pobres y aquellos donde las estructuras del servicio de salud son inadecuadas.

 

Los costos ocasionados por el tabaquismo, ya terribles para la salud de la humanidad, incluyen costos económicos para los gobiernos, empleadores y el medio ambiente considerando los gastos que provoca al tabaquismo en seguridad social y salud, pérdidas en la balanza comercial al importar cigarrillos, pérdidas de tierras donde se podrían cultivar alimentos; costos por incendios y daños a edificios por falta de cuidados al fumar y costos al medioambiente que van desde la deforestación hasta la acumulación de desechos generados por fumar.

 

Son adicionales, el ausentismo al trabajo, la disminución de la productividad, el mayor número de accidentes y mayores costos en pólizas de seguros, los costos para al propio fumador y para su familia cuando el gasto del dinero para comprar cigarrillos podrían destinarlo a la adquisición de alimentos, ropa, vivienda, medicinas.

 

Cuando las personas fuman, liberan en el ambiente más humo de lo que toman para sus propios pulmones, este humo es conocido como Humo ambiental de Tabaco, Humo de Segunda Mano, Humo indirecto.

 

Se han descubierto cerca de 4000 sustancias químicas en el tabaco, y al menos 40 de ellas son cancerigenas y aproximadamente 500, se encuentran en fase gaseosa, incluyendo aquí al Monóxido de Carbono, el Anhídrido Carbónico, el Oxido Nítrico, Amoníaco, aldehídos, cetonas, nitrosaminas volátiles, etc. Forman parte de la fase de partícula la Nicotina y el Alquitrán; este último lo conforman hidrocarburos aromáticos poli cíclicos, nitrosaminas no volátiles, fenoles, cadmio, polonio, cianuro, arsénico, etc.

 

El Humo del tabaco contiene 13 billones de partículas por centímetro cúbico, esto es 10 mil veces la concentración del aerosol resultante de la combustión de automóviles en el tránsito en horas pico.

 

Entre los químicos secretos, de la lista de 700 aditivos reportados en los cigarrillos, 13 no son permitidos por la FDA (Administración de drogas y alimentos USA) y 5 son designados como peligrosos. Muchos de ellos no han sido investigados científicamente.

 

El tabaco manufacturado agrega amoníaco entre sus componentes para descargar libremente nicotina, lo cual está asociado con un incremento de la “satisfacción” reportada por fumadores. El amoniaco, acetaldehídos, glicerina y propilenglicol incrementan en los cigarrillos la cantidad de nicotina liberada y aumentan los efectos de ésta en el cerebro.

 

Otros aditivos, encontrados en el tabaco de los cigarrillos, incluyen insecticidas, fertilizantes como por ejemplo: arsénico, cianuro, DDT, Toxokil, Endrin (altamente tóxico). Las limitaciones en USA estipulan que los productos para el consumo humano no deben tener más de 1 parte por millón de Endrin y los cigarrillos evaluados presentan 55 partes por millón y hasta 10 partes por millón en el humo. El sulfato de amonio, contenido en el tabaco, es un químico corrosivo que al hacer contacto él puede provocar irritación, dolor de garganta y dificultad respiratoria.

 

Las partículas alfa del Polonio 210 son fuertemente mutagénicas, producen mutaciones en los genes, lo que significa que alteran el desarrollo normal de un individuo durante su etapa de gestación.  Los pulmones, sangre e hígado de fumadores contienen alta concentración de Polonio 210.  En un año, un fumador promedio puede exponer su epitelio bronquial con 8 a 9 REM, lo que equivale a 250 a 300 placas de tórax por año.

 

Se describen entre los componentes del tabaco también los coumarínicos, usados como venenos para ratas, naftaleno, el formaldehído, conocido fluido para embalsamar cadáveres. Metanol, Butano, Acetona, Tolueno y Benceno se encuentran en el tabaco.

 

Están identificadas las tres clases de carcinógenos contenidos en el humo del tabaco, estas son: las nitrosaminas, los hidrocarburos aromáticos (como el benzopireno) y las aminas aromáticas. Los hijos de madres fumadores tienen mayores niveles de hidrocarburos aromáticos circulando en su sangre, que los hijos de madres no fumadoras.

 

La OMS calcula que casi 700 millones o al menos la mitad de la población infantil mundial inhalan aire contaminado por el humo del tabaco, principalmente en el hogar. Los infantes y niños pequeños que se exponen al humo del tabaco, experimentan: altos niveles de infecciones en el tracto respiratorio bajo (tales como bronquitis y neumonía) e infecciones en los oídos. Una exacerbación de los síntomas de enfermedad respiratoria crónica, como el asma. Una reducción en el desarrollo y crecimiento de los pulmones y un aumento de riesgo de muerte por el Síndrome de Muerte Súbita. También puede contribuir al padecimiento de enfermedades cardiovasculares en la edad adulta y al deterioro neurológico.Irritación en conjuntivas, garganta y laringe, congestión nasal, rinorrea, estornudos, ardor en los ojos todo esto lo provoca el ambiente con humo de tabaco.

 

El no fumar en lugares públicos y en el ambiente de trabajo protege a los niños, a los no fumadores del humo de tabaco y a los fumadores inclusive. También contribuye a una concientización de los individuos sobre los efectos negativos del tabaquismo para la salud. Por otra parte se propicia la reducción de la aceptación social de fumar y puede aumentar la posibilidad de que los fumadores de todas las edades fumen menos cigarrillos o los abandonen por completo.

 

Al leer este texto, podemos identificar algunos aspectos claves del discurso científico-sanitario vinculado a este tema. En primer lugar, existe una referencia importante a datos epidemiológicos que representan los riesgos que corre la salud de la población con el humo del cigarrillo, tanto para los fumadores como para los no fumadores. En segundo lugar, hay una fuerte crítica a la industria tabacalera, por producir cigarrillos como objetos de consumo humano sobre los cuales se aplican constantemente innovaciones tecnocientíficas para aumentar las ventas y enganchar más consumidores, utilizando simétricamente la misma metodología científica para generar “mejores” formulas. Y por último, como consecuencia de estos puntos anteriores, se concluye que se necesitan propiciar y mantener en todos los espacios públicos cerrados ambientes libres de humo de tabaco, como un derecho fundamental a la salud.

 

 

Esta ley presentada no es una iniciativa aislada de una región del mundo, sino que forma parte de una plataforma global dirigida desde la Organización Mundial de la Salud (OMS). En este sentido, en el año 1999, se desarrolló el Convenio Marco para el Control del Tabaco (CMCT), sostenido sobre la evidencia científica acumulada. El Convenio Marco es un instrumento legal, que ha sido utilizado por las naciones para abordar diversos temas de alta importancia, como por ejemplo los derechos humanos o la preservación del medio ambiente. El CMCT representa la primera ocasión en que dicho instrumento legal aborda un tema de salud pública. Actualmente, más de 100 países han firmado este convenio, y muchos de ellos ya lo han ratificado y comienzan a aplicarlo. El objetivo principal del CMCT es "proteger a las generaciones presentes y futuras de las devastadoras consecuencias de salud, sociales, medio ambientales y económicas resultantes del uso de tabaco y de la exposición al humo de tabaco". El CMCT reconoce la necesidad de dar prioridad a su derecho de proteger la salud pública, así como la naturaleza única de los productos de tabaco y el daño que causan las compañías que lo producen.  Este convenio obliga a los países a trabajar en función de una serie de aspectos, de los cuales los más importantes a destacar son los siguientes:

 

Propaganda, Promoción y Patrocinio (Artículo 13)

Se requiere de una prohibición completa de la propaganda, promoción y patrocinio de tabaco (directas e indirectas) dentro de un plazo de cinco años, a partir de la entrada en vigor del tratado, incluyendo la propaganda tras-fronteriza, hasta lo máximo que las constituciones nacionales lo permitan. Se acordó la consideración de un protocolo sobre el tema.

 

Empaquetado y etiquetado (Artículo 11)

Se requieren grandes advertencias sanitarias que deberán cubrir, idealmente el 50% o más, y como mínimo un 30%, de las áreas principales de exhibición de cada paquete, dentro de los tres años de ratificación del tratado. Las advertencias incluirán mensajes rotativos en los lenguajes principales, y pueden incluir fotografías o esquemas.

 

Las etiquetas engañosas deben ser prohibidas. Se acuerda prohibir términos engañosos y falsos, dentro de un periodo de tres años. Aunque el tratado no especifica los términos que se deberán prohibir, la evidencia científica deberá apoyar ciertamente la prohibición del uso de términos tales como "ligero", "suave", con bajo contenido en alquitrán", etc.

 

Exposición al humo de tabaco (Artículo 8)

Los no fumadores deben ser protegidos en sus lugares de trabajo, transportes públicos y lugares públicos cerrados. El tratado reconoce que se ha probado científicamente que la exposición al humo del tabaco causa muerte, enfermedad y discapacidad. Por lo tanto requiere que se implementen medidas efectivas para proteger a los no fumadores del humo de tabaco. La evidencia científica indica que solamente una prohibición completa del humo de tabaco es efectiva para proteger a los no fumadores.

 

Contrabando (Artículo 15)

Se requiere acción para eliminar el contrabando del tabaco. Las medidas requeridas incluyen marcado de todos los paquetes de tabaco en tal forma que se divulgue el origen y el destino final o el status legal del producto, así como también la cooperación internacional en los esfuerzos contra el contrabando, la ejecución de la ley y la litigación.

 

Impuestos y ventas liberadas de aranceles (Artículo 6)

Se recomienda aumentar el impuesto al tabaco. Se reconoce que la elevación de precios a través de aumentos de impuestos y de otras formas "son medios efectivos e importantes para reducir el consumo del tabaco en los variados segmentos de la población, en particular entre las personas jóvenes". Las ventas libres de impuestos serán desalentadas y pueden prohibirse.

 

Regulación del producto y divulgación de los ingredientes (Artículos 9 y 10)

Los productos de tabaco tienen que ser regulados y los ingredientes tienen que ser divulgados.

"Responsabilidad (Artículos 4.5 y 19)

Se recomienda la acción legal como una estrategia de control del tabaco. Se acuerda considerar medidas legislativas y de litigación para avanzar los objetivos de control del tabaco.

 

Vigilancia del tratado (Artículo 23)

Una poderosa Conferencia de las Partes vigilará el tratado. Se establece una Conferencia de las Partes (COP), que tiene el poder de controlar la implementación del tratado y la adopción de los protocolos, anexos y enmiendas del CMCT, y de crear apropiados cuerpos auxiliares para llevar adelante tareas especializadas.

 

Financiación (Artículo 26)

Las Partes se han comprometido a promover, ellas mismas, la financiación para el control el tabaco a nivel mundial, sobre todo en los países en vías de desarrollo.

 

Otros compromisos importantes

- Se establecerá o reforzará y financiará un mecanismo de coordinación nacional o puntos focales de control del tabaco. (Artículo 5)

- Se procurará incluir el abandono de la dependencia del tabaco en sus programas nacionales de salud. (Artículo 14)

- Se prohibirá la distribución gratuita de productos de tabaco. (Artículo 16)

- Se promoverá la participación de ONGs en el desarrollo de los programas nacionales de control del tabaco. (Artículo 12)

- Se prohibirá la venta de productos de tabaco a personas de una edad menor a la establecida en la legislación nacional, o a los menores de dieciocho años. (Artículo 16)

- No se permiten reservas al CMCT. (Art ículo 30)

 

El CMCT entrará en vigor 90 días después de la ratificación del cuadragésimo país. (Artículo 36). Es decir, que ya está vigente

Además, el Artículo 2.1 del CMCT establece que todas las Partes son estimuladas a implementar medidas que vayan mas allá que las estipulaciones mínimas requeridas por el tratado.

 

Ante estas acciones políticas, legales y publicitarias emprendidas por gobiernos y organizaciones sanitarias dirigidas a controlar, regular y disminuir el consumo de tabaco en la población, han surgido posiciones y discursos de diferentes grupos que buscan defender el derecho de consumir tabaco libremente. Entre estos grupos, se encuentran no solo las industrias tabacaleras y vendedores de tabaco, sino también los grupos de fumadores que claman por su derecho a fumar y que se quejan de ser maltratados.

 

Discurso de la tolerancia y el entendimiento mutuo:

Grupos y organizaciones en defensa de los derechos de fumadores

 

Recientemente, en España y otras partes del mundo, empieza a ser prohibido fumar en lugares donde antes era algo habitual, como centros de trabajo, metro y estaciones de tren. Se desarrollan, en consonancia con el escenario mundial impulsado por el CMCT de la OMS. 

 

Frente a tales acciones político-legales y publicitarias emprendidas surgen diferentes organizaciones que pretenden defender la actividad del fumar y los derechos de los fumadores a continuar consumiendo tabaco en tanto producto legal. En este sentido, puede mencionarse por ejemplo el llamado Club de fumadores por la tolerancia o los FOREST. Estos grupos tienen una presencia activa en los medios de comunicación social, y continuamente realizan comunicados de resistencia frente a decisiones gubernamentales o de los ministerios de salud. Como ejemplo, podemos leer un extracto de un comunicado de prensa[4] a propósito de la prohibición del Ministerio de Salud de España para fumar en los sitios de trabajo. El comunicado está publicado en un periódico de la comunidad de Logroño en España (específicamente en la Rioja), pero hace referencia a toda España.

 

 

 

EUROPA PRESS./ LOGROÑO

 

'Fumadores por la Tolerancia' exige al Gobierno central que no imponga "la prohibición total" de fumar en el trabajo.

 

Un sondeo dice que los riojanos son "tolerantes" y más del 76 por ciento cree que fumar debe permitirse en el trabajo.

 

El Club de Fumadores por la Tolerancia exigió hoy al Gobierno central que no imponga "la prohibición total" de fumar en el trabajo, algo que previsiblemente será obligatorio a partir del 1 de enero de 2006 con la Ley de Prevención del Tabaquismo. Esta organización, con cerca de 70.000 socios y simpatizantes en toda España (343 en La Rioja) ha encargado un sondeo que demuestra que los españoles, y también los riojanos, son "tolerantes" y creen que no debe prohibirse de forma radical el fumar en el lugar de trabajo. Por eso, exigen que "no se excluya a la sociedad" de este asunto.

 

El director del Club, Alvaro Garrido, dio a conocer hoy en Logroño el resultado del sondeo, que se ha efectuado entre 1.800 personas -fumadoras y no fumadoras- en toda España, 97 de ellas en La Rioja. Son trabajadores a los que se ha preguntado por la posibilidad de fumar o no en el trabajo, y por cómo creen que debería regularse esta cuestión. El resultado general es que los trabajadores son tolerantes, apuestan por acuerdos entre empresa y plantilla y opinan que se deberían habilitar salas especiales en vez de prohibir totalmente el tabaco. Un argumento que sirve para abogar por "un espacio intermedio" entre la prohibición total y la protección del no fumador.

 

Además del sondeo, el Club plantea una estrategia de lucha contra el proyecto de Ley en varios frentes. Por un lado, están repartiendo tarjetas en los estancos que en tres semanas serán recogidas ya cumplimentadas para remitirlas a Moncloa, al presidente Zapatero. Además, han habilitado una sección en su web (www.clubfumadores.org) a la que se pueden remitir mensajes de adhesión. Asimismo, se ha redactado un manifiesto firmado por personajes de relevancia que será presentado al término de la campaña "Fumar en el centro de trabajo. Ahora van a por los fumadores. ¿Y después?", que ahora llega a La Rioja.

 

Una comunidad en la que un 31,4 por ciento de los trabajadores fuma y un 53 por ciento lo hace en el trabajo. Según el sondeo contratado a la empresa Análisis y Servicios de Marketing, el 82 por ciento de los riojanos desarrolla su profesión en espacios cerrados. Al 20,7 por ciento ya se le ha prohibido explícitamente fumar, un 25,4 por ciento cuenta con espacios separados para poder fumar y un 53,9 por ciento tiene libertad para fumar en el trabajo. Sobre la futura prohibición, el 76,9 por ciento de los trabajadores riojanos sondeados cree que debería estar autorizado, si bien es una amplía mayoría (casi el 70 por ciento) la que cree que debería ser en zonas restringidas.

 

A los encuestados se les preguntó cuál sería la medida más adecuada para limitar el tabaco. El 69,4 por ciento de los riojanos respondió que deberían crearse espacios propios y el 30,6 por ciento abogó por dividir los espacios en fumadores o no fumadores. Asimismo, la encuesta refleja que casi seis de cada diez riojanos creen que regular este hábito es algo que corresponde al ámbito privado, con acuerdos entre la empresa y sus trabajadores, "y no con Leyes gubernamentales". Como motivos alegan la tolerancia, respeto o diálogo (13,7 por ciento) y la libertad individual (también un 13 por ciento).

 

El director de esta organización recordó que un tercio de la población española (unos 10 millones de habitantes) es fumadora y aseguró que "no todo vale contra el fumador". El Club está de acuerdo con algunas de las medidas del anteproyecto de Ley, por ejemplo las referidas a los menores, pero está radicalmente en contra de la "prohibición total" de los cigarrillos en los lugares de trabajo. Álvaro Garrido aseguró que la futura legislación española "va mucho más allá" de la de otros países europeos e incluso que la de Estados Unidos, donde en sólo 8 de los 50 Estados está prohibido fumar en el trabajo (aunque las empresas lo dicten por su cuenta).

 

Libertades y derechos

 

El Club de Fumadores por la Tolerancia -una entidad de carácter privado creada en 1995, sin ánimo de lucro y formada por fumadores o no fumadores- asegura que no hace "proselitismo" del tabaco, sino que defiende los derechos y libertades de las personas que tienen este hábito. Reconocen que es perjudicial para la salud, pero abogan por "descriminalizar" el hecho de fumar, con "tolerancia, cortesía y libertad". Por eso, luchan para que el fumar sea "una opción libre" y para que se respeten "los derechos de los adultos" que lo hacen y alertan de que con la Ley se puede incluso discriminar a los fumadores a la hora de contratarlos para un trabajo.

 

Dicen que buscan evitar que España caiga en actitudes en las que han incurrido otros países, que han hecho del fumador "un apestado". Sus socios pagan 30 euros al mes para mantener la organización, que está llevando a cabo una campaña en toda España bajo el lema "Fumar en el centro de trabajo. Ahora van a por los fumadores. ¿Y después?". Tienen un Defensor del Fumador y un Centro de Información Tabaquera, así como un foro para sus actividades, la Academia de los Buenos Humos. Son socios algunos personajes conocidos, como Carmen Rico Godoy, Rosa María Sardà o Alfonso Ussía.

 

Esta organización alega, con los datos del sondeo, que "muchos españoles" no están de acuerdo con los planes del Gobierno y sostiene que se prevé "perseguir a los fumadores" sin "respetar su opinión", con medidas "prohibicionistas". Asegura que se está obviando que "donde existe un acuerdo de voluntades" (entre empresa y plantilla) "no caben las prohibiciones" y que en España hasta el momento "los conflictos planteados por el consumo de tabaco se solucionaban por la vía más lógica, la del diálogo". Para el Club, un dato "muy significativo" es que el año pasado se aprobaron en España más de 5.000 convenios colectivos y en ninguno se hablaba del tabaco.

 

Podemos apreciar varios puntos importantes de este discurso. En primer lugar, se refleja el proyecto de ley que prepara el ministerio de salud es “discriminatorio” de un tercio de la población española porque pretende restringir el consumo de un producto legal en centros de trabajo, bares y restaurantes con lo cual se impide –según se plantea- que las relaciones entre fumadores y no fumadores sigan el curso del “entendimiento basado en la tolerancia y la cortesía.” Se señala también que con tal anteproyecto de ley “se atenta contra la libertad individual de las personas” y que sindicatos y empresarios diversos estarían también en desacuerdo con esa posible aplicación legal. El texto pretende advertir que de convertirse en ley, dicho anteproyecto podría generar múltiples problemas y conflictos en el ámbito de la convivencia cotidiana en los mencionados espacios de prohibición, donde, hasta el momento, el fumar no ha sido motivo de ningún conflicto importante.

 

Por otro lado se reprocha a las autoridades la actitud de imponer el proceso de prohibición sin acudir al diálogo previo con los afectados, para que al incorporar la participación de los ciudadanos interesados, ellos puedan arreglar la convivencia más adecuada entre fumadores y no fumadores.

 

Resulta interesante la apelación que realizan estas posiciones a la tolerancia como valor actual de la convivencia entre personas. Las medidas anti-tabaquismo se experimentan por muchos fumadores como excluyentes y agresivas, ante lo cual se produce claramente una actitud de resistencia más o menos heterogénea respecto al acatamiento de tales disposiciones.

 

Otro argumento utilizado en contra de las medidas anti-tabaquismo está en relación con la incongruencia (o “hipocresía”) que implica según estas organizaciones el lucro fiscal que se logra con el aumento de los precios del tabaco, a través de su comercialización legal y de otra parte, la prohibición de su publicidad, que por cierto –afirman- no conllevará a un descenso en el número de fumadores. La Asociación Española del Tabaco señala que puros y cigarrillos dan trabajo a miles de personas, por lo que las consecuencias económicas de la prohibición pueden causar graves problemas.

 

Las organizaciones en defensa del fumador sostienen que quienes fuman, o bien se ven sometidos a una especie de persecución por parte de las autoridades sanitarias expresada en un creciente fomento de la exclusión social y en la disminución de espacios públicos donde se pueda fumar (situación que por cierto modifica de manera abrupta la tradición de poder fumar en tales sitios durante décadas); o bien se ven obligados a gastar mayores cantidades de dinero en el consumo de un producto que desde hace mucho tiempo, está instalado culturalmente en la sociedad.

 

En todo caso, las organizaciones en defensa de los derechos del fumador, promueven la idea de que fumar tabaco puede ser una actividad despojada del carácter adictivo y nocivo que se asocia a los excesos en el consumo del producto. Es decir, plantean la idea de la necesaria moderación en el fumar como un acto de buen gusto[5]  y de cuidado de la propia salud. Argumentan también la idea de que el fumar tabaco ha de reconocerse como símbolo de amistad en nuestra cultura (desde la pipa de la paz de los indígenas americanos hasta el intercambio de cigarrillos que ocurre en la trinchera ante una tregua entre soldados enemigos) por lo cual, el fumador ha de ser capaz de evitar, con tal actitud, el hacerse molesto u “odioso” a los no fumadores.

 

En este discurso se filtra también la idea de que el fumar puede estar asociado al ejercicio de la voluntad, de la responsabilidad y del respeto por los demás y por las normas establecidas. Y desde luego, se plantea la idea de que fumar tabaco, ayuda a pensar e incluso, es una vía de contacto con otras personas. Lo anterior puede apreciarse en el llamado Decálogo del buen fumador:

 

1) Fume bien, si fumar es un placer, ¿por qué hacer de ello un vicio?

2) Disfrute del tabaco con salud, durante una larga vida.

3) No apure el cigarrillo hasta el final.

4) El tabaco es un símbolo de amistad. No lo haga odioso a sus amigos no fumadores.   5) Del tabaco no aspire sólo el humo. Inhale también voluntad.

6) Todo en demasía es malo. Disfrute más del tabaco poniéndole los límites adecuados. 7) ¿Prohibido fumar? Demuestre su buen talante y apague delicadamente su cigarro o pipa.

8) Fumar es cosa de hombres y también de mujeres. Pero no de niños. Recrimine a todo menor que vea fumando.

9) No arroje las colillas, deposítelas apagadas.

10) Piénselo, el tabaco ayuda a pensar. Y a otras cosas.   

 

Algunas perspectivas y análisis

 

En el colectivo, la imagen acerca de lo que significa el tabaco en cualquiera de sus formas (cigarrillos, puros, pipas, chimó, etc.) se ha estado moviendo entre la aceptación y el rechazo. Por un lado parece valorarse como símbolo de sociabilidad y amistad. Por otro lado parece estar asociado al daño que produce en la salud. No obstante, nos preguntamos acerca de los significados que se generan actualmente con respecto a los movimientos y controversias del tabaco.

 

Al tiempo que pareciera reconocerse la posibilidad de que el consumo de tabaco pueda provocar daños en la salud de las personas, se esgrimiría por otra parte que constituye un error el establecimiento de regulaciones coercitivas en el consumo del tabaco sin consultas previas. Asimismo, se cuestiona el conocimiento científico con las mismas herramientas del conocimiento científico: se desconfía por ejemplo de la certeza de las evidencias que prueban el daño que causa el humo de cigarrillo a los que no fuman, porque es algo que no parece estar claro. El fumar en espacios públicos cerrados como bares, restaurantes y discotecas se plantea en el colectivo como algo individual, a juicio de cada quien, y que si alguien no está a gusto pues simplemente se va a otro espacio o en todo caso tratar de llegar a acuerdos mediante negociaciones. Pero esto encierra en sí mismo muchos aspectos controvertidos, tales como ¿Puede existir la tolerancia y la libre elección dentro de la adicción al tabaco? ¿Se puede negociar estos aspectos sin que existan leyes que impongan ciertos derechos? ¿Qué pueden hacer los no fumadores si quieren ir a una discoteca donde no exista humo del cigarrillo? ¿Qué pueden hacer los empresarios para que no disminuyan sus ventas si se prohíbe fumar dentro de sus locales?

 

Un planteamiento que deseamos resaltar es pensar el tema del tabaquismo en su complejidad, es decir, buscar y situar los diversos actores que participan de esta controversia pública y pensar también en los elementos tecnológicos y “no humanos” que intervienen en la polémica, como los objetos relacionados con los actos de fumar cigarrillos, los espacios mismos, el tabaco como producto de consumo. Tal vez es necesario comprender la situación del tabaquismo en términos complejos y no prescriptivos. Pero también, más que en su dimensión política y cultural de transformación de “lo humano”, nos interesa mucho la idea de su dimensión “cosmopolítica”,  es decir, de la materialidad del mundo y su relación “sin costuras” que existe entre ciencia, tecnología y sociedad. Asimismo, es muy importante partir de otro lugar que no es el del experto científico. Aunque en el fondo por mucho esfuerzo que hagamos, nos movemos ya en una comprensión de lo que es la comunidad científica: ciertamente no podemos saltar nuestra propia sombra. No obstante, el cambio de visión al partir de la perspectiva de las controversias públicas ofrece un punto de vista privilegiado donde se revelan las relaciones ambivalentes entre ciencia, tecnología y otras instituciones sociales, como los medios de comunicación, los sistemas de gobierno, las empresas, entre otras.  Basta saber cómo puede hacerse esta visión sin encerrarse en su perspectiva. Y considerarnos eternos principiantes en la sociedad del conocimiento.

 


[1] Paradójicamente, una de las primeras sociologías del conocimiento científico, la planteada por Merton, profundizaba asombrosamente estas fronteras, idealizando el proceso de la actividad científica a través de los enunciados del CUDOS (por sus siglas en inglés: norms of Communality, Universality, Disinterest ness, and Organized Skepticism). No obstante, nos referimos aquí a los estudios de controversias científicas generados con posterioridad al STRONG program, que distan mucho de aquella concepción de Merton.

[2] Muy poco se habla de la influencia que han tenido los mismos gobiernos en la expansión del consumo de tabaco en el último siglo: los ejércitos disciplinados de la primera y también la segunda guerra mundial, eran equipados no sólo con armas y uniformes, sino también con raciones de tabaco (a veces ni siquiera con comida). De hecho, en ciertos períodos de posguerra en algunos países de Europa, el tabaco llegó a tener mayor valor de cambio que el dinero: se podían conseguir más variedad de productos con tabaco que con dinero.

[3] Traducción nuestra.

[4] Tomado de “La Guía de la Rioja en Internet, www.larioja.com”

[5]  Resulta interesante la recuperación de este término por la resonancia hermenéutica que implica. En efecto, Gadamer argumenta que originalmente, el concepto de gusto es más moral que estético y se relaciona con un ideal de humanidad auténtica que se separa críticamente de los dogmatismos. Se afirma con Gracián que el hombre del buen gusto (“culto”, “discreto”, hombre en su punto) “alcanza en todas las cosas de la vida y de la sociedad la justa libertad de la distancia(…)” Así el buen gusto acierta a erigirse en sus juicios, por encima de la estupidez de los intereses, de la veleidad de las simples preferencias o de la “tiranía” de las modas. Por lo tanto, con este concepto se hace una importante referencia a un modo de conocer. Con ello se afirma que el buen gusto está siempre seguro de su juicio (es algo parecido a un sentido, es una sensibilidad) más allá de presuntos elementos “razonados”.  (Véase: Verdad y Método I Salamanca: Sígueme. 2001. pp. 66-74.)