Pedro Alacrán

Por:

Guayabera Men

 

- Esa perola suena como un pote de leche- gritaba Pedro Alacrán arrecho al drumplayer mientras bebía un litro de agua. Era el debut de la “Guasacaca Sound Projet Dance” en Rokatanga, grupo donde Pedro Alacrán tocaba la tumbadora y los bongóes.

Si algo distinguía a Pedro Alacrán eran sus arrecheras. Tenía la facilidad de arrecharse cuando algún instrumento no sonaba bien o desafinaba, o cuando una pieza o un tema no era bien ejecutado. Lo único que aplacaba su ira era el agua, la cual siempre bebía antes de la ejecución de sus instrumentos.

Siempre andaba con seis o siente litros de agua en su morral, durante los ensayos entre protestas, peleas, insultos y puñetazos, bebía desaforadamente espantosos tragos de agua que vaciaban los envases durante las dos horas de ensayo.

Entonces, ¿Por qué la gente de la “Guasacaca Sound Project decidió incluir a semejante personaje dentro de su line up? Es una historia un poco compleja, pero a la vez simple. Pedro Alacrán sabía tocar la percusión de una manera brillante, excepcional, magistral y parte de esa forma de tocar era gracias a su temperamento.

Pedro Alacrán se inició en el mundo de la música cuando su madre le regaló un violín a la tierna edad de siete años. Tan delicado instrumento duró apenas unos segundos en sus manos, no porque lo hiciese mal, ¡no! Por el contrario aprendió a coger el arco de manera casi instantánea, y su postura de la mano izquierda era perfecta, pero la fuerza de sus dedos rompía las cuerdas, tal fenómeno le producía a Pedro un ataque de ira de proporciones grotescas. No podía tocar una pieza entera, pese a que la solfeaba a primera vista, su digitación en la mano izquierda era perfecta, pero sencillamente las cuerdas no resistían la fuerza de sus dedos. Mientras más cuerdas rompía, más ira le producía, sentía que no podía disfrutar, escuchar una pieza completa y satisfacer su necesidad de música con tan delicado instrumento.

Un día que ensayaba el violín en su casa, sucedió lo que debía de esperarse, se rompieron las cuerdas y la ira fue incontenible, hasta que por casualidad su madre, desesperada, lo bañó con un balde de agua fría, notando que Pedro Alacrán cambiaba casi al instante, volvía a la normalidad, hasta que poco a poco y con el tiempo le hacía ingerir vasos de agua cuando él se molestaba, pero su crecimiento biológico era proporcional a su ira, y por su puesto las cantidades de agua.

Pasaron algunos años hasta que llegó a las manos de Pedro Alacrán una guitarra. La compenetración con el instrumento fue instantánea, acordes, arpegios y técnica fluían de sus manos. De nuevo su temperamento intervenía en su desarrollo como guitarrista. El profesor de guitarra Paciencio Tohkaermoso quedó sorprendido cuando Pedro ejecutaba una pieza de Leo Brower, la cual poseía un temperamento y unos contrastes que debían acentuarse, se pasaba de un pianissimo a un forte e incluso debía de golpearse las cuerdas hacia el final de uno de los pasajes. Cada vez que Pedro Alacrán llegaba a ese pasaje la pobre guitarra no sobrevivía, la guitarra quedaba hecha añicos en mitad de la pieza. Pedro Alacrán no pudo tocar esa pieza completa, produciéndole las más espantosas de las iras. Paciencio Tohkaermoso gracias a Dios estaba prevenido y en cada clase con Pedro Alacrán se dotaba de unos cinco baldes de agua. Lo cual hacia de las clases de guitarra las más húmedas.

Paciencio Tohkaermoso le recomendó que cambiara a otro instrumento más resistente a las manos de Pedro. Así fue como comenzó el peregrinaje de Pedro Alacrán por casi todos los instrumentos musicales, poseía una habilidad increíble para tocar cualquiera de ellos.

Cuando empezó con el contrabajo, las cuerdas enrojecían desintegrándose como cenizas de cigarros. La ira hizo que lanzara al inmenso instrumento por los aires. Cuando intentó con el piano el pobre piano tuvo la misma suerte que el pobre violín, la pobre guitarra y el contrabajo, las teclas se esparcían por todo el suelo como papelillos de carnaval haciendo que la profesora Gloria D´dosl Argos acentuara su habitual histeria, que más de 35 años de psicoanálisis no habían podido aplacar (Gloria quiso ser bailarina, pero no pudo caminar después de una manifestación del día del trabajador en 1973, pero esa historia se contó en otra parte). En cada clase de piano los chorros de agua corrían como la peor de las tormentas.

Pedro Alacrán dejó las cuerdas y se fue a los vientos. No lo hizo mal, pero ahora la boquilla y los pistones quedaban desechos en su boca y en sus manos respectivamente. Intentó con la tuba, pobre tuba, en uno de los soplidos la enderezó, produciéndole otra vez la asombrosa rabieta y su profesor Eleodoro Soplasmou Cho (su madre era china) tuvo que llamar a los bomberos para apaciguar la ira de su joven alumno.

Cuentan que una vez intentó con el canto lírico, pero llegaba un momento que expulsaba por su boca sapos y culebras, produciendo en Elena Canta Bello (su profesora de canto) el peor de sus traumas, jamás en su vida había escuchado tantos insultos en distintas tonalidades, a veces esas tonalidades irrumpen en sus placidos sueños convirtiéndolos en horribles pesadillas.

Así Pedro Alacrán dejó la música académica y probó estilos más fuertes. Hard Core, Punk, Ska, Grounge. Llegó a la batería, pero eso era muy peligroso, imagínense colocar unos tambores, platillos y unas baquetas en las cercanías de semejante personaje. Sin embargo, su peregrinaje llegó a su fin. Dada la violenta formación musical que tuvo, que mejor área que la percusión, eso sí, sin baquetas.

La tumbadora, fue el instrumento idóneo para Pedro alacrán, no habían piezas que tocar, sólo ritmos que podían repetirse infinitas veces, cuestión que, saciaba su apetito musical. El problema era la violencia que le generaba, así fue como desarrolló la habilidad de tocar con una mano mientras ingería agua con la otra, mientras más tocaba, más agua bebía.

Desarrolló unos callos grotescos en las palmas de sus manos. Su padre diseñó un soporte de hierro forjado como base de la tumbadora para evitar así que se dañara, Pedro Alacrán al fin pudo tocar y tocar, y beber y beber agua.

Gracias a su temperamento, su ira específicamente, el secreto de su virtuosismo musical, logró desarrollar ritmos inimaginables de tan básico instrumento, descubrió distintos sonidos de los cueros graduando la intensidad de su ira. Algo increíble.

Empezó probándose en grupos de salsa brava, no le fue mal, pero mucha ira para tan alegre música. Era disonante ver la mejor de las descargas, sabrosas, culminadas con la destrucción de la tumbadora al mejor estilo de Nirvana. Por su puesto, la gente de la Sigilosa y también los del Team Malin no aguantaron. Pa´ fuera Alacrán. De allí su sobrenombre.

Entonces fue cuando Alberto Open Main, guitarrista, buscaba a alguien que tocara la tumbadora para su grupo de música experimental (llámese rock mestizo, rock alternativo, fusión. Es necesario aclarar que para desarrollar cualquiera de estas vertientes musicales, sólo debes incluir a alguien que toque la tumbadora), así fue como dieron con Pedro Alacrán. Ya le habían dado el dato de su temperamento, pero era la esperanza para tan mediocre grupo, donde la estrella era el de la tumbadora (generalmente es el cantante, porque es bonito, el otro porque toca la guitarra, la pobre batería y el bajo no le paran y mucho menos a un “percusio”-nista-). Pues sí, Pedro daba vida a temas básicos convirtiéndolos en verdaderas joyas de la música popular, llámese Pop-rock más cualquier apelativo de los anteriores.

Así fue como la “Guasacaca Sound Projet Dance” se hizo famosa, paradójicamente y a diferencia de cualquier grupo de rock en Venezuela, la Guasacaca grabó primero antes de debutar en vivo.

Y fue precisamente ese debut, el que los hizo famosos esa noche en Rocatanga. Durante la prueba de sonido al cantante Jhon Siestoy Buenote Pedro le voló dos dientes porque se le fue un gallo, pero el show debía continuar. Al guitarrista le puso el ojo morado porque en uno de los típicos solos se equivocó en una nota y ya le había atestado un manotón con el callo desarrollado de su grotesca mano. Estaba a punto de arremeter contra el drumplayer cuando bebió tres litros de agua y se calmó.

Ya habían sobrevivido a la prueba de sonido, estaban a un paso del estrellato, la gente colmaba el local, los Guasacacas estaban a un paso de convertirse en rockstars caraqueños, sólo debían tocar.

Comenzó el toque, pieza tras pieza causaba furor en la gente (un tal Santiago se encontraba entre el público. Después se iría a estudiar al extranjero, pero esa historia ya fue contada). Pedro Alacrán daba el poder de la ira a cada pieza, el agua se acababa, pero las ganas de tocar hacían que Pedro no abandonara su instrumento, la ira aumentaba. Hasta que por combustión Pedro Alacrán ardió en llamas y se evaporó de la tarima. Fue el único toque en vivo de la Guasacaca Sound Projet Dance. Fue la última vez que se vio a Pedro Alacrán tocando la tumbadora...